"Criticando Bolonia y el sistema educativo"

Miércoles, 6 de abril

Echo la vista atrás cuantos años y me siento en el pupitre de mi clase de segundo de bachillerato. La PAU estaba a la vuelta de la esquina y, con sus resultados en la mano, tendríamos que rellenar ese enorme mantel de papel que era entonces la solicitud de plaza para la universidad. Recuerdo las conversaciones, las dudas, los nervios. Y sobre todo, un sentimiento: había que licenciarse en algo, en lo que fuera, o corrías el riesgo de fracasar. De aquella seguridad nacían charlas curiosas con compañeros y compañeras que querían estudiar 'Ingeniería técnica de sistemas o gestión' (así, dos en uno) porque era largo y sonaba importante, o quienes no se decidían entre Derecho, Educación Física y Arquitectura, por ejemplo.

Volviendo de golpe a abril de 2011, me encuentro frente al post de un amigo que acaba de superar la barrera de la Selectividad y estrenó en septiembre su etapa universitaria. En él, cuestiona la valía de los centros docentes actuales y, además, introduce unas notas agridulces sobre la importancia de los títulos universitarios. Mientras leo, se refuerza en mí la sensación de irrealidad educativa que llevo experimentando desde hace bastante tiempo y cuyo espejismo social será difícil de eliminar.

Parto de dos premisas: el 'sí o sí' de un título universitario como desarrollo personal y profesional y el desinterés como base de nuestro sistema educativo. Comienzo por el primer concepto.

La ‘titulitis’ o burbuja educativa

Imaginemos que estamos en el año 2003 y Susanita, que nació en 1985, está en segundo de Bachillerato. Como comentaba al principio, en este curso no son raras las disertaciones entorno al 'Y tú, ¿qué quieres estudiar?’. Susanita nunca se había planteado seriamente hacia donde llevar su vida porque su objetivo era aprobar las asignaturas del colegio y el instituto. Lo que sí que tenía claro era que iba a ir a la universidad. Y es que estudiar una licenciatura era lo lógico, era la evolución que le habían inculcado en el colegio, en casa y en los círculos de sus amistades.

Dejar el instituto en cuarto de la ESO era terrible y se miraba con pena a quien lo hacía, aunque fuera para estudiar una FP. A quien quiere dedicarse a la informática no le recomendaban hacer un módulo: le mandaban de cabeza a la universidad, y si podía dar el salto de la técnica a la superior, mejor que mejor. Por eso, si aún hoy preguntamos en colegios e institutos, la mayor parte de los estudiantes te comentarán que su futuro está en una carrera universitaria pero desconocerán si existe algún tipo de Formación Profesional que se ajuste más a sus gustos y a sus capacidades e, incluso, al trabajo ideal que tienen en la cabeza.

Así, Susanita entra en ADE como podría haber entrado en Ingeniería Industrial –su segunda opción-, o Traducción e interpretación –la tercera-. Pero la necesidad del 'estudio por el estudio' no acaba ahí. Cuando se gradúa en la universidad, el agobio de segundo de Bachillerato regresa. ¿Ahora qué? Frente a ella se encuentra el precipicio del trabajo. Y echando un ojo, Susanita ve que las ofertas relacionadas con su titulación están copadas por otros estudiantes que han rematado su carrera con un máster, así que decide alargar los estudios un poco más.

Cuando vuelve al mercado, en 2011, más allá de la barrera de los 26 años, Susanita se topa con empresas que, además de pedirle títulos, idiomas y manejo de programas, quieren que tenga experiencia profesional, algo de lo que carece porque lo importante eran los estudios. Pero hay mucha demanda de empleo y muy poca oferta, por lo que Susanita lucha por un puesto en el que le pagan 18.000 euros. Sobra decir que nunca utilizará ninguno de los conceptos teóricos que aprendió en la universidad ni ejercitará nada de lo que hizo en el master, puesto que sus jefes prefieren que comience haciendo papeleo y respondiendo al teléfono.

En cualquier caso, Susanita ha tenido suerte. Había poca oferta y mucha demanda, además, excesivamente formada en la teoría. Eso sí, en algo que no tenía nada que ver con lo que está haciendo Susanita, ya que un grado de FP de administrativo hubiera sido más efectivo para cubrir su puesto. Pero, ¿por qué elegir a un chaval con módulo si puedes contratar a una persona con carrera y máster por el mismo precio?

Evidentemente, la culpa no es única y exclusivamente de Susanita. Hemos llegado a un punto que la ‘Titulitis’ española se ha convertido en algo endémico y, siendo pesimista, muy difícil de curar. Nos creemos mejores por tener una carrera o dos y por haber estudiado un postgrado. Clamamos al cielo gritando el número de idiomas que sabemos y queremos que se nos recompense por ello. De lo que no nos damos cuenta es de que estamos, claramente, en un punto de ‘burbuja educativa’.

Porque cada año miles de Susanitas entran en una carrera concreta en todas nuestras universidades. Cuando salgan, la oferta de trabajo será muy inferior a la demanda, por lo que el precio que se pagará por cada Susanita será bastante más bajo de lo que se esperaría de una persona de sus características. Ahí está, una Susanita con un montón de estudios a sus espaldas y tan poco valorada como si no hubiera estudiado nada en absoluto.

El desinterés

Lo peor del asunto es que Susanita y el resto de los españoles y españolas asociamos este tipo de formación con el éxito, y el éxito con el dinero. Y aquí viene la segunda clave de la situación actual: el desinterés.

No lo aplico a todo el mundo, evidentemente, pero muchas personas que me he encontrado durante mi etapa universitaria carecían de inquietudes y no querían más conocimiento que el que se supone que te atribuye la universidad. En pocas palabras: ‘yo apruebo mis asignaturas y el resto ya se verá. Total, lo que me van a pedir es la titulación…’. Y así estábamos, copiando lo que iba leyendo el profesor en una situación de lo más absurda (sobre todo, existiendo Internet y las impresoras).

¿Está mal formarse? Es absolutamente necesario. Pero existe formación más allá de las aulas universitarias. He de decir, incluso, que las personas con mentes inquietas, como comenta mi amigo, tendrán interés en evolucionar más allá del contexto en el que se encuentren. De hecho, para mi sorpresa, algunos de los mejores profesionales con los que me he cruzado no tienen terminada su carrera o hicieron un ciclo formativo como especialidad.

Que no se me malinterprete. No estoy echando por tierra las carreras universitarias. Pero quiero que quede claro que no creo ni creeré nunca en el ‘estudiar por estudiar’. Hay que aprender, crecer, mejorar. Somos una de las generaciones mejor preparadas de nuestra historia, sí, pero ni sabemos tanto como pensamos, ni somos tan buenos, ni dominamos tantos idiomas. Aún nos queda mucho por aprender.

Y sólo cuando cuando seamos conscientes de que nuestro valor es lo que sabemos y saquemos partido a nuestras cualidades (tengamos más o menos títulos colgados de la pared de nuestra habitación), podremos hablar de Educación, con mayúscula.

Nos vemos a las ocho.

5 comentarios:

Rafasla dijo...

Y... no hablo de eso? de que las carrera hoy en día son formación hueca?
Lo que creo que es remarcable es que no se puede llegar a un puesto directivo o de toma de decisiones haciendo un FP...
Y que es cierto que fuera de españa a los licenciados o ingenieros se les valora mucho más que aquí... pero años luz
Además, recuerda que el título es: Una carrera no significa éxito, pero ayuda a conseguirlo

Patricia Vera dijo...

http://www.ted.com/talks/lang/spa/sir_ken_robinson_bring_on_the_revolution.html
Lo que dices está sobre el minuto 9, pero creo que te gustará escuchar la conferencia entera

Blanca dijo...

@Rafasla ¿Qué es éxito? ¿Ser el que más cobra? ¿El que más manda? ¿El que más sabe? ¿Reputación?(No va con ironía, de verdad, son preguntas al aire porque no sé si lo vemos igual).

Si te refieres al mix 'carrera=directivo', depende del caso. Por ejemplo, ninguno de los jefes que ha tenido Fernando tiene formación universitaria y actúan como ingenieros informáticos. Si es un tema de pasta, depende también. Esa gente de la que hablo lo gana bien. ¿Profesionalidad? Lo mismo: depende de la persona y de lo que se interese por su trabajo. ¿Reputación? Es evidente que no es lo mismo decir que eres 'Ingeniero Superior de Informática' que decir que tienes una fp porque no llegaste a terminar la carrera.

Me reitero en lo mismo de siempre: no digo las carreras no ayuden a llegar a los puestos altos ni que no sirvan para nada, ni que las personas que hayan estudiado sean más tontas que los que no y estén perdiendo el tiempo (yo misma tengo una licenciatura).

Lo que quiero resaltar es que tenemos tan asociado el concepto 'Universidad=éxito', sin saber exactamente qué consideramos éxito, por lo que todo el mundo se mete en una titulación universitaria para conseguir tenerlo.

Como tú, piensan muchos. Es casi seguro que todos tus compañeros de clase estarán ahí porque querrán acabar estando en lo más alto de su profesión aunque muchos de ellos, posiblemente, ni valgan para ello ni tengan realmente interés en el trabajo, o encajen mejor en otro ámbito del mismo sector.

¿No crees que es necesario plantearse en serio 'por qué quiero estudiar esa carrera' y no meterse en ella porque 'los que estudian una carrera son los que llegan a los puestos directivos'? Ni siquiera hablo de ambición por mejorar: es inercia porque 'es lo lógico para llegar alto'.

Blanca dijo...

[Copio el comentario de un amiguete que me ha escrito por Buzz]

D.N - Bastante de acuerdo con el artículo. Hay una gran titulitis y mucho de desilusión en la enseñanza.
Lo único que no me cuadra es que tiene que ver Bolonia en esto. De hecho Bolonya trata de enseñar un contenido más práctico y asociar los estudios a competencias profesionales.
Dado que mucha gente esta solo interesada en el conocimiento por su utilidad podría evitar parte del problema. Y la asociación de carrera con trabajo haría que los títulos fueran útiles para desempeñar el trabajo, no solo para obtenerlo.
Pero eso deja de lado todo conocimiento que no sea práctico en las universidades y esto me preocupa muchísimo. Además otro pilar de Bolonia es la enseñanza continua muy vigilada, lo que impide a los alumnos organizar su aprendizaje. Así que cualquier contenido adicional va quedando fuera del esquema y es muy difícil de adquirir...

Rafasla dijo...

Bueno, y eso es lo que digo no? Una carrera universitaria no implica éxito, pero ayuda a conseguirlo.

Obviamente la profesionalidad no tiene que ver con nada de esto.

Y por otra parte estoy totalmente de acuerdo con la titulitis.

Por lo de plantearse lo de estudiar la carrera, por eso mismo pongo en negrita el tema de la vocación, por que se que hay muchísima gente en las clases sin vocación ninguna que están ahí por mera titulitis

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